Posteado por: Fe | 9 noviembre, 2012

Científicos guipuzcoanos iluminan el mundo cuántico

Noticia del Diario Vasco: 8-11-12

Investigadores del DIPC y el CFM ven confirmada una teoría que abre la puerta a nuevas tecnologías.
La ciencia tiene sus momentos eróticos, como cuando dos personas se miran fijamente mientras aproximan sus labios. A medida que se acercan, la tensión crece como una carga de electrones y toda esa pasión se libera finalmente en un beso que no es sino un intercambio desbocado de electrones. En el caso que nos ocupa, este beso se produce sin que los labios lleguen a tocarse. Es un beso virtual. Un beso cuántico. O un beso platónico, según se mire. Sobre todo es luz.
Sea lo que sea, es un beso que puede tener importantes repercusiones en el futuro y que ha sido descrito por un grupo de investigadores del Donostia International Physics Center (DIPC) y el Centro de Física de Materiales de San Sebastián, liderado por el científico donostiarra Javier Aizpurua. Los miembros de este equipo habían predicho que «la luz interacciona con la materia de forma diferente a escala subnanométrica», teoría que ha sido corroborada experimentalmente por la Universidad de Cambridge y que ha sido publicada en la revista ‘Nature’, una de las Biblias de la ciencia.
Como los labios cambian a medida que se acercan, así sucede con la luz, que cuando atraviesa distancias mínimas adopta propiedades distintas a las conocidas hasta ahora. «Es como la chispa de un beso», resume Javier Aizpurua, quien no oculta su ilusión ante las expectativas abiertas tras la confirmación de la teoría. «Hemos accedido con la luz a una nueva frontera, a un nuevo régimen cuántico», afirma.
El mundo cuántico es un universo en el que los electrones y los fotones se rigen por normas muy distintas a las leyes de la física clásica. «Cuando se les empuja van para el lado contrario, pueden atravesar una pared, están pero no están… En general, a eso se accede con átomos y moléculas, pero hasta ahora no se había hecho con luz», afirma el investigador donostiarra. «Hemos establecido un límite cuántico fundamental sobre las dimensiones mínimas en las que podemos atrapar la luz», recalca.
Nunca se habían alcanzado fronteras tan pequeñas en la observación de un haz de luz que salta de una superficie a otra sin que ambas se toquen. «Hemos introducido una linterna en el mundo cuántico», explica Aizpurua. Las repercusiones pueden ser enormes, añade. «Se han abierto las puertas a nuevas formas de hacer tecnología, a la fabricación de dispositivos optoeléctricos, a nuevos límites de resolución en fotoquímica y a efectos aún no descubiertos».

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